El Futuro de Siria en Jordania

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(Esta nota apareció parcialmente en El Comercio de Ecuador)

En el campo de refugiados sirios Za’atri, en el norte de Jordania, los desplazados del conflicto armado sirio acogen la posibilidad de extender su estadía indefinidamente.

El año nuevo llegó a Siria en silencio, sin mayor cambio en el conflicto armado que se vive en ese país desde hace casi tres años. Sin embargo, a escasos 15 kilómetros de la frontera, en territorio jordano, cientos de familias sirias empezarán el 2014 con un poco más de estabilidad.

En la mitad del desierto árabe, un espejismo de caravanas blancas parecen extenderse hasta el horizonte. Este poblado de más de 80.000 personas es el famoso campo de refugiados sirios, Za’atri. En una mañana reciente, bajo el sol de invierno se agruparon decenas de residentes de Za’atri a ver una grúa descender nuevos contenedores que ellos usan como viviendas.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), encargado oficial del campo, ha ido reemplazando las carpas de tela donde las familias que llegaron hace año y medio se acomodaron. Su objetivo es que todos los residentes de Za’atri se alberguen en estas cajas metálicas que vienen pre-fabricadas, con una puerta y sin ventanas.

La mayoría de los contenedores son donados por gobiernos de países árabes, Taiwán y Corea. El cargamento de esta mañana viene marcado con un logo de los Emiratos Árabes Unidos. Se espera que para fines de enero todos los refugiados de Za’atri habrán reemplazado sus carpas por las cajas rectangulares.

“Al principio, los refugiados llegaron pensando que iban a estar aquí un tiempo corto y luego iban a volver a Siria, pero ahora ven que este podría ser más que un lugar transitorio,” dijo Iris Blom, una coordinadora de campo para el ACNUR.

Desde que Za’atri abrió sus puertas en julio del 2012, el campo ha vivido una transformación que en cada paso ha atraído atención de la comunidad internacional. Presidentes, primeros ministros, diplomáticos y hasta celebridades han hecho el viaje a Jordania para visitar el campo, que además parece tener una constante puerta giratoria de miembros de la prensa internacional.

El campo fue originalmente diseñado para hospedar 20.000 refugiados, pero su proximidad a la frontera lo convirtió en la meta de miles de familias que escaparon a pie sin más que lo que podían cargar en brazos. Un año después de la apertura de Za’atri habían más de 120.000 personas viviendo en el campo, el setenta y cinco por ciento de estas eran mujeres y menores de edad.

La repartición de caravanas parece estar liderada por un grupo de hombres, jefes de familia que dirigen a dónde llevar cada contenedor que aterriza. Una señora camina nerviosa buscando alguien que la ayude. Con un bebé en brazos explica que ella está a cargo de su familia y que tiene cinco hijos más viviendo en una carpa desde hace meses. “Escapamos la muerte en Siria para venir a morirnos aquí,” dijo con una sonrisa desconcertante.

Para muchos de sus residentes, Za’atri no ofrece la paz y seguridad que buscaban cuando llegaron a Jordania. El campo, que a base de su población se podría calificar como la cuarta ciudad más grande de Jordania, depende de los esfuerzos del ACNUR y otras organizaciones no gubernamentales para recibir luz, agua, servicios higiénicos y recolección de basura. El gobierno jordano contribuye con servicios policiales durante el día, pero una vez que anochece todos menos los residentes evacúan el área. Incidentes de robo, violaciones, incendios y otras emergencias se registran en la corta historia de esta ciudad.

Así, la población de 120.000 se ha ido reduciendo hasta llegar a 80.000; algunos encuentran familiares o amigos en centros urbanos que los pueden hospedar, otros salen en busca de oportunidades laborales, y hay quienes, con la ayuda del gobierno jordano, regresan a Siria. “La seguridad ha sido un gran problema,” concedió Blom, quien lleva trabajando en Za’atri un año, durante el cual han habido varias protestas de refugiados insatisfechos con las condiciones del campo.

Blom y varios de sus colegas en Za’atri, quienes han manejado campos de refugiados en varias partes del mundo, califican el desarrollo de este poblado como algo innovador y magnífico. Hasta ahora no ha habido un solo día en que no se haya completado la repartición de comida en Za’atri. También la atención médica abarca con todas las necesidades básicas de la gente. La mayoría de residentes tienen electricidad, teléfono, y muchas familias tienen televisores en sus viviendas. Ropa de invierno, zapatos y más que suficientes cobijas mantienen a los residentes abrigados, y además se ayudan con calefactores de gas y eléctricos. En efecto, los jordanos de las aldeas pobres de alrededor encuentran que los refugiados viven en mejores condiciones que ellos.

Tal vez lo más llamativo y admirable de Za’atri es la calle principal de negocios que ha ido formándose en el campo. Existen entre 800 y 1200 tiendas en la avenida principal. Aquí se puede encontrar desde un shawarma hasta una tienda de vestidos de novia. Usando las mismas caravanas que luego la gente corta, re-diseña y monta pequeños talleres, la mayoría de residentes han encontrado en qué ocuparse con la esperanza de establecer una rutina normal.

Tal como lo hubiese hecho en su pueblo natal en el sur de Siria, el hombre que vende shawarmas se dedica a cuidar que la carne de su asado vertical no se tueste demasiado en el fuego. Al ver dos extranjeros en la fila, los invita a sentarse dentro del diminuto kiosko. Prepara la orden, y al entregarla la ofrece sin costo.

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